El rey David recibiendo con misericordia a Mefiboset en su palacio, ilustrando el concepto hebreo de hesed.

¿Es posible que una de las palabras más repetidas en nuestras Biblias haya perdido su fuerza original al ser traducida? Cuando leemos la palabra «misericordia», nuestra mente suele viajar hacia la lástima o la compasión emocional. Sin embargo, en el hebreo original del Antiguo Testamento, existe un concepto que desafía nuestras definiciones modernas: hesed.

Entender esta palabra no es un ejercicio solo para expertos en los idiomas bíblicos; es la llave para comprender por qué Dios se relaciona con nosotros de la manera en que lo hace.

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Hesed en el Antiguo Testamento

El término hesed, en el pensamiento bíblico, es una «palabra de pacto» que opera dentro del marco de compromisos serios y vinculantes.[1] Por esta razón, cuando encontramos esta palabra en las Escrituras, casi siempre aparece en contextos donde la supervivencia, la redención y la identidad del pueblo de Dios están en juego.

Veamos tres ejemplos a continuación.

1. Salmo 136

Este salmo es conocido como el «Gran Halel». Su estructura litúrgica es fascinante: mientras el líder menciona un evento histórico (la creación, la salida de Egipto, la conquista de la tierra), el pueblo responde: «Porque para siempre es Su misericordia [hesed]» (Sal. 136:1, 5, 10, etc.).

  • El concepto: Aquí el hesed se presenta como el motor de la historia redentora. No es una emoción abstracta; es la explicación técnica de por qué el pueblo de Israel seguía vivo a pesar de sus rebeliones.
  • La implicación: Al repetir 26 veces esta palabra, el salmista está diciendo que cada acto de poder de Dios en el pasado fue una ejecución de Su lealtad al pacto con Abraham. El hesed es la columna vertebral que une el Génesis con el presente del creyente.

2. Lamentaciones 3:22-23

Este es uno de los pasajes más citados de la Biblia, pero a menudo se malinterpreta como un simple consuelo poético. Jeremías está escribiendo mientras Jerusalén está en cenizas y el Templo ha sido destruido.

  • El concepto: Cuando el profeta dice: «Por el gran amor [hesed] del Señor no hemos sido consumidos» (Lam. 3:22 NVI), está usando un lenguaje de supervivencia legal. Según el pacto (las bendiciones y maldiciones de la Ley), Israel merecía la aniquilación total.
  • La implicación: Las misericordias que son «nuevas cada mañana» no son solo nuevas oportunidades de ser felices; son la renovación diaria del compromiso de Dios con Su pueblo. Dios decide cada mañana no dar por terminado el pacto, a pesar del fracaso humano. Es la misericordia que actúa como un escudo legal ante la justicia que merecemos.

3. Rut 2:20

La historia de Rut es un gran ejemplo de hesed a nivel horizontal (entre humanos). Cuando Noemí dice de Booz: «Sea él bendito del Señor, porque no ha rehusado Su bondad [hesed] ni a los vivos ni a los muertos», está señalando algo muy específico.

  • El concepto: Booz no estaba obligado por una ley civil estricta a ayudar a Rut, pero sí por el vínculo familiar y el pacto de redención. El hesed aquí se traduce como la disposición de ir más allá del deber básico para rescatar la herencia de alguien que no puede defenderse por sí solo.
  • La implicación: El hesed protege al desvalido. No es «caridad» (dar lo que sobra), es «redención» (pagar el precio para restaurar lo que el otro perdió). Booz, así, se convierte en un tipo de Cristo: aquel que ejerce hesed para sentar al extranjero y al pobre en la mesa principal.

El dilema de la traducción

La palabra hesed es tan rica, como estamos viendo, que los traductores han luchado durante siglos para verterla a otros idiomas sin que pierda su esencia. Si comparamos distintas versiones del Salmo 23:6, por ejemplo, notaremos el desafío:

Versión Traducción de hesed Matiz que resalta
Reina-Valera 1960 Misericordia Enfoque en el perdón y la compasión ante la falta.
Nueva Versión Internacional Amor Resalta el afecto y la cercanía personal.
Nueva Biblia Viva Inagotable generosidad Busca cubrir tanto la compasión como la benevolencia.
Palabra de Dios para Todos Amor fiel Es la que más se acerca al compromiso jurídico y la fidelidad.

El problema radica en que hesed no es un sentimiento, sino una acción legal y relacional. Es el «amor que se compromete y cumple», incluso cuando la otra parte no lo merece.

La Septuaginta (LXX) y el puente griego

Aquí es donde saber un poco acerca de la Septuaginta (LXX) se vuelve útil. Cuando los sabios alejandrinos tradujeron el Antiguo Testamento al griego, se enfrentaron a un muro: el griego clásico no tenía un término que uniera «amor» con «obligación por pacto».

Entonces, optaron mayormente por la palabra eleos. Pero si bien eleos transmite la idea de socorrer al necesitado, carece del peso del compromiso histórico que tiene el hebreo. Al leer el Nuevo Testamento, entonces, ayuda recordar que detrás de la «misericordia» (eleos) que Jesús practicaba, latía el pulso del hesed del Padre: un amor que no se rinde porque ha dado su palabra.

Hesed al extremo: el rey y el lisiado

Para ilustrar más claramente este concepto, no hay mejor ejemplo en el Antiguo Testamento que el encuentro entre el rey David y Mefiboset en 2 Samuel 9.

Tras años de guerra, David pregunta: «¿Hay todavía alguien que haya quedado de la casa de Saúl, para que yo le muestre bondad [hesed] por amor a Jonatán?» (2 Sam. 9:1). Esta no es una búsqueda de caridad casual. David estaba bajo un pacto previo con Jonatán (1 Sam. 18:3-4; 20:14-17).

Mefiboset, nieto del enemigo de David y lisiado de ambos pies, vivía en el olvido en Lodebar. Según la lógica política de la época, David debía eliminarlo para asegurar su trono. Sin embargo, el hesed de David lo lleva a:

  1. Restaurar su patrimonio: Le devuelve todas las tierras de Saúl (2 Sam. 9:9).
  2. Garantizar su provisión: Le asigna siervos para su cuidado (2 Sam. 9:10).
  3. Cambiar su estatus: Lo sienta a su mesa como a un hijo del rey (2 Sam. 9:10).

David no actuó por lástima pasajera; actuó por lealtad al pacto. El hesed es amor en acción legal.

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Del Antiguo al Nuevo Testamento

Aunque en el Nuevo Testamento el término predominante para misericordia es eleos, muchos eruditos ven en el concepto de jaris (gracia) la evolución natural del hesed [2].

Cuando el apóstol Pablo nos habla de que somos salvos por gracia (Ef. 2:8-9), nos está diciendo que Dios ha decidido sernos fiel a pesar de nuestra infidelidad. El hesed del Antiguo Testamento es la base sobre la cual se construye la gracia del Nuevo: un Dios que, por causa de Su propio nombre y Su promesa, decide no soltarnos.

Una roca para tu fe

Comprender el hesed cambia nuestra oración. Ya no nos acercamos a un Dios que «podría» tenernos lástima hoy y mañana quizás no. Nos acercamos a un Dios que ha sellado un pacto de lealtad con nosotros a través de la sangre de Su Hijo.

Su misericordia no es un estado de ánimo; es la garantía de que, aunque nosotros fallemos, Su fidelidad permanece firme. Como dice el salmista: «Porque para siempre es Su misericordia [hesed]» (Sal. 136:1).


Notas

  1. En la cultura del Antiguo Cercano Oriente, las relaciones entre reyes o familias se regían por tratados de vasallaje. El hesed era el término técnico para la lealtad que un subordinado debía a su señor, o que dos iguales se juraban mutuamente. Al usar esta palabra, los autores bíblicos están comunicando que la relación con Dios no es mística o abstracta, sino que tiene una estructura legal y de lealtad histórica similar a los pactos más serios de la antigüedad, pero elevados por la santidad divina.
  2. Para profundizar en la transición técnica entre el hesed hebreo y la jaris griega, véase la obra fundamental de Nelson Glueck, Hesed in the Bible (Wipf and Stock Publishers, 1967), donde se establece la naturaleza jurídica del término. Asimismo, el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento (Libros Desafío, 2002) de Kittel, Friedrich y Bromiley ofrece un análisis exhaustivo sobre cómo la Septuaginta preparó el camino para que el concepto de «lealtad al pacto» floreciera en la doctrina neotestamentaria de la gracia.