Imagen que muestra una Biblia abierta en primer plano sobre una mesa de madera. Al fondo, a la izquierda, hay un reloj digital mostrando la hora 4:19, y a la derecha, una taza blanca, simbolizando el contraste entre el tiempo moderno y el contexto bíblico.

Cualquiera que lea con atención los relatos de la pasión y muerte de Jesús se va a encontrar, tarde o temprano, con un detalle en los horarios que parece no cuadrar. Para muchos críticos que buscan atacar la fe, este pasaje es el «arma perfecta»: el ejemplo que siempre usan para intentar demostrar que la Biblia se contradice a sí misma y que, por lo tanto, no es un libro confiable.

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Sin embargo, cuando dejamos de exigirle al texto antiguo que funcione como si fuera un reportaje de nuestra época y nos sumergimos en su propio momento histórico, este supuesto problema se convierte en una de las lecciones más interesantes sobre cómo estudiar las Escrituras.

El choque que los críticos señalan se ve claramente al poner dos pasajes frente a frente: Marcos 15:25 vs Juan 19:14.

Por un lado, el evangelio de Marcos nos da el momento exacto en que clavan a Jesús en la cruz:

«Era la hora tercera cuando le crucificaron». — Marcos 15:25

Por el otro, el evangelio de Juan describe el juicio ante el gobernador romano, un evento que lógicamente tuvo que pasar antes de que se llevaran a Jesús al Gólgota. El texto dice:

«Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces [Pilato] dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!». — Juan 19:14

Aquí es donde estalla el problema: ¿Cómo podía estar Jesús todavía en el tribunal de Pilato al mediodía (la hora sexta) si, según Marcos, ya llevaba tres horas colgado en la cruz desde las nueve de la mañana (la hora tercera)?

Para resolver este enigma y desarmar el argumento de la supuesta contradicción, no hace falta inventar explicaciones extrañas ni asumir que los autores cometieron un error por descuido. Lo que necesitamos es entender el enorme abismo cultural que nos separa de ellos.

El abismo entre nuestro mundo moderno y el mundo de la Biblia

Un grave error que cometemos hoy al leer la Biblia es juzgar el pasado con las reglas del presente. Vivimos en una época obsesionada con el tiempo exacto: nuestros teléfonos están sincronizados al segundo, organizamos reuniones a las 18:15 y calculamos los viajes en minutos.

Cuando abrimos la Biblia, casi sin darnos cuenta esperamos que los autores piensen y midan el tiempo igual que nosotros. Pero olvidamos que nos separa una distancia gigante en la historia, la geografía y las costumbres.

En el siglo I no existían los relojes de pulsera y la vida se guiaba por la posición del sol. Además —y este es el punto clave—, no todo el mundo medía las horas del día de la misma manera. Distintos imperios y culturas usaban sistemas de horarios completamente diferentes. Al ignorar esto, convertimos una simple diferencia de costumbres en una supuesta contradicción.

Resolviendo el problema: el choque de dos relojes

La solución a este «misterio de las horas» se vuelve muy clara cuando revisamos a quiénes les escribían Marcos y Juan, y qué sistema para medir el tiempo usó cada uno en su relato.

1. El horario judío (el reloj de Marcos)

El pueblo de Israel medía las horas del día basándose en la luz del sol. Dividían el tiempo desde el amanecer hasta el anochecer en doce partes iguales. Por eso, el conteo siempre empezaba a las 6:00 a. m.

Bajo este sistema, que era el más común en Palestina y el que usan los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas):

  • La hora tercera equivalía a las 9:00 a. m.
  • La hora sexta era el mediodía (12:00 p. m.).
  • La hora novena eran las 3:00 p. m.

Cuando Marcos dice en Marcos 15:25 que era la «hora tercera», nos está contando, usando el horario local judío, que la crucifixión comenzó a las 9:00 de la mañana. Esto encaja perfectamente con lo que dice más adelante: «Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena» (Mr. 15:33), avisando que la oscuridad cubrió el lugar desde el mediodía hasta las tres de la tarde, que fue cuando Jesús murió (Mr. 15:34-37).

2. El horario oficial romano (el reloj de Juan)

El caso de Juan es muy distinto. Él escribió su Evangelio décadas después, viviendo en la ciudad de Éfeso (una gran metrópolis bajo la administración directa de Roma). Su público ya no era principalmente la gente de Jerusalén, sino una iglesia global compuesta por personas de distintas naciones que vivían bajo las leyes del Imperio Romano.

Para sus asuntos oficiales, leyes y registros civiles, los romanos calculaban las horas contando desde la medianoche, exactamente igual a como lo hacemos nosotros hoy.

Si aplicamos este reloj romano al relato de Juan, la frase en Juan 19:14, que dice que era «como la hora sexta» durante el juicio con Pilato, toma un sentido totalmente nuevo: se trataba de las 6:00 a. m.

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La cronología de esa mañana paso a paso

Si entendemos que usaron dos relojes distintos, los eventos de ese viernes encajan de forma perfecta y lógica:

  • Cerca de las 6:00 a. m. (Juan, hora sexta romana): Después de pasar la noche siendo interrogado por los líderes religiosos, Jesús es llevado muy temprano ante el gobernador romano. Juan nota en Juan 19:14 que, en el momento más tenso del juicio, cuando Pilato lo presenta ante la multitud y cede a la presión para condenarlo, el reloj marcaba alrededor de las seis de la mañana.
  • Entre las 6:00 a. m. y las 9:00 a. m.: En estas tres horas ocurre el castigo físico de los soldados romanos, las burlas con la corona de espinas, la preparación de las cruces y la organización del camino hacia el Gólgota. Jesús camina lento cargando el madero, debilitado por los golpes.
  • Las 9:00 a. m. (Marcos, hora tercera judía): El grupo llega a su destino. Marcos registra en Marcos 15:25, usando el horario local de la zona, que los soldados crucifican a Jesús a la «hora tercera».

Un detalle sobre cómo hablaban del tiempo

Otra realidad cultural que nos ayuda a entender el texto es que en la antigüedad no se hablaba de minutos. La gente calculaba el tiempo aproximando los eventos al bloque de tres horas más cercano (hora tercera, sexta o novena).

Cuando Juan escribe que era «como la hora sexta», usa una palabra en griego (hōs) que significa «aproximadamente». Si el juicio estaba terminando y el sol ya empezaba a calentar, para cualquier testigo de la época los eventos se situaban de forma general en ese momento de la mañana. Esto demuestra que estamos ante relatos de testigos reales y no ante un texto copiado de forma artificial.

¿Por qué es importante conocer el contexto histórico?

Este ejercicio para aclarar los horarios demuestra que estudiar el trasfondo cultural de la Biblia no es un pasatiempo aburrido solo para expertos o profesores de teología. Es algo vital para cualquiera que quiera leer la Biblia con seriedad.

Cuando ignoramos la historia y la cultura en que se escribió la Biblia, corremos el peligro de cometer dos errores graves:

  1. Ver errores donde no los hay: Dudar de que la Palabra de Dios sea confiable por culpa de dudas que nacen de nuestra propia ignorancia y no del texto bíblico.
  2. Alejar la Biblia de la realidad: Tratar la lectura bíblica como algo flotante y desconectado de la historia real, olvidando que Dios dio su mensaje en momentos, culturas y lenguajes totalmente humanos.

Cuando la Biblia parece contradecirse, el problema casi nunca está en el texto, sino en las limitaciones de nuestra mirada moderna. Conocer el contexto nos devuelve las herramientas para escuchar lo que los autores realmente querían decir.

Recursos recomendados para entender los tiempos bíblicos

Si este análisis te dejó con ganas de conocer mejor la cultura, la geografía y el día a día de las personas en la antigüedad para cerrar esa brecha histórica por ti mismo, te sugerimos revisar estos libros:

  • Usos y costumbres de las tierras bíblicas (Fred H. Wight): Un libro muy clásico, simple y fácil de leer. Es excelente para empezar a entender cómo eran las casas, las comidas, las familias y el comercio en la época bíblica.
  • Nuevo manual de usos y costumbres de los tiempos bíblicos (Ralph Gower): Una opción muy didáctica, llena de mapas, fotos de descubrimientos arqueológicos y dibujos a color que te ayudan a ver claramente cómo era el mundo del texto sagrado.
  • Diccionario de trasfondo de la Biblia (Craig S. Keener): Una obra más grande y de consulta. Es una herramienta tremenda si buscas estudiar el contexto histórico versículo por versículo, explicando los dichos y las costumbres del Nuevo Testamento.