Acercándonos al Antiguo Testamento


La Biblia consta de dos partes o divisiones principales y que suelen estar bien identificadas: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La forma más sencilla de definir estas dos divisiones es señalando que el Antiguo Testamento es la parte de la Palabra de Dios que fue revelada antes de que Jesús viniera, y el Nuevo Testamento es la parte de la Palabra de Dios que fue revelada después de que Jesús viniera. En esta entrada queremos referirnos de manera especial a esa primera parte, el Antiguo Testamento.

¿A quién se le ocurrió llamarlo «Antiguo Testamento»? Bueno, parece que la referencia más antigua a esta parte de la Biblia con este título viene del apóstol Pablo, quien en una de sus cartas declaraba acerca de los judíos de su tiempo: «Hasta el día de hoy tienen puesto el mismo velo al leer el antiguo pacto. El velo no les ha sido quitado, porque solo se quita en Cristo» (2 Cor. 3:14). La palabra «testamento» es la misma que en este pasaje se traduce muy bien como «pacto».

La Biblia es, ante todo, un libro de pacto. Dios llamó a un pueblo —el que llegó a ser la nación de Israel— para vivir en una relación de pacto con él. El Antiguo Testamento nos cuenta cómo Dios creó a su pueblo inicialmente y continúa describiendo las obras poderosas que realizó en su favor y por medio de él, al tiempo que le entregaba instrucciones y promesas. Desde Adán, el primer hombre del pacto, hasta terminarse de escribir unos 400 años antes del nacimiento de Jesucristo, el Antiguo Testamento abarca más de 4000 años de historia.
  • Adán = 4000+ a. C.
  • Abraham = 2000 a. C.
  • Moisés = 1400 a. C.
  • David = 1000 a. C.
  • Isaías = 700 a. C.
  • Esdras = 450 a. C.
Los 39 libros del Antiguo Testamento se escribieron, no de una vez o en una sola generación, sino a lo largo de todos estos siglos en que se desarrollaba la fascinante historia y la relación entre Dios y su pueblo del pacto. Estos libros del Antiguo Testamento constituyen la mayor parte de toda la Biblia (¡dos tercios!) y sientan las bases, el trasfondo y el contexto general para entender apropiadamente los del Nuevo Testamento.

Por la razón anterior, es muy importante que te familiarices con el Antiguo Testamento, su historia y su mensaje. Lastimosamente, la mayoría de los cristianos no leen el Antiguo Testamento a excepción de algunos pasajes favoritos o populares, y de este modo, se privan a sí mismos de una enorme riqueza. Es como llegar tarde a una película y ver solo las escenas del último tramo. ¿Cuánto habrías entendido? En cambio, cuanto mejor conozcamos el Antiguo Testamento, mejor preparados estaremos para comprender la película completa.

Pero tengamos presente que estas dos partes de la Biblia nos presentan una sola historia, y no debemos tratarlas como piezas separadas. Ambas partes están íntima y fuertemente unidas por la persona de Jesucristo, quien, como decía el apóstol Pablo en el pasaje más arriba, es el único que «quita el velo» para comprender el Antiguo Testamento, ya que en él encuentra su cumplimiento.
No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento. (Mt. 5:17)

Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. (Lc. 24:27)
Para saber más acerca de las partes y los primeros libros del Antiguo Testamento, no dejes de consultar nuestros próximos artículos. Hasta pronto, ¡y que tengas una bendecida lectura!
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